El brote de neumonía alcanza su cifra máxima de hospitalizados

El brote de neumonía que desde el 25 de agosto azota Alcalá de Henares (165.000 habitantes) sigue su avance. Desde el jueves se han registrado 11 nuevos casos, de los que 10 han requerido hospitalización. Así, el número total de afectados alcanza ya 190, de los que 44 permanecían ayer ingresados, la cifra más alta hasta la fecha. Diez personas han muerto por esta epidemia desde el 4 de septiembre.

Ante estos datos, los médicos no se atreven a anunciar el declive de la epidemia. Asimismo, subsiste la incertidumbre sobre su origen. La posiblidad de que se deba a la bacteria legionella, como ha venido atribuyendo, aún no ha sido confirmada por el Centro Nacional de Microbiología. "En ningún momento hemos dicho que estemos ante un brote confirmado de legionella", afirmó ayer el director general de Prevención y Promoción de la Salud de la Comunidad de Madrid, Felipe Vilas. Una opinión que compartía Ramón Collado, gerente del hospital Príncipe de Asturias, donde están ingresados los afectados. Para Collado, quien reconoció que no existe cálculo médico sobre el final de la epidemia, la posibilidad de que se trate de legionella es "una hipótesis fuerte pero aún sin consolidar y que no cierra el paso a otras".

Pese a estas precauciones médicas, ayer se hizo público el descubrimiento de legionella en cuatro torres de refrigeración y dos depósitos de agua de Alcalá, lo que viene a reforzar la idea de que la enfermedad se ha transmitido por el sistema de abastecimiento de agua. Una red donde la Comunidad ha descubierto 13 puntos de agua semiestancada y con baja cloración.

Los médicos, con todo, evitan el alarmismo y recuerdan que ya existe un remedio para frenar los estragos del mal. Se trata de la eritromicina, un antibiótico que ha conseguido notables mejorías en los pacientes.

El ex consejero de Sanidad pone en duda que la epidemia de Alcala se deba a la 'legionela'

Por su parte, el defensor del pueblo, Fernando Álvarez de Miranda, ha iniciado una investigación de oficio sobre el brote de neumonía. En un comunicado distribuido ayer la institución destaca "la necesidad de intensificar y coordinar las actuaciones dirigidas tanto a la determinación del origen de la bacteria como respecto a los medios de naturaleza sanitaria puestos a disposición de las personas afectadas".

La larga e infructuosa búsqueda de soluciones médicas

Eritromicina, corticoides, vitaminas E y C, superóxido-dismutasa, polivinil-pirrolidona, son algunos de los fármacos utilizados en el intento de combatir lo que primero fue neumonía atípica y hoy es todavía síndrome tóxico. Los niños afectados por esta enfermedad reciben una terapia basada fundamentalmente en baños y rehabilitación física y psíquica.Los primeros síntomas registrados entre los niños enfermos fueron, al igual que entre los adultos, de neumonía con afectación intersticial, acompañada de eosinofilia en sangre y lesiones pulmonares severas. Muchos de los enfermos que hubieron de ingresar en las unidades de vigilancia de los hospitales eran incapaces de ejercitar los músculos que les permitirían respirar: los músculos que mueven la caja torácica se atrofian y los enfermos mueren por insuficiencia ventilatoria muscular. La segunda fase de la enfermedad se ha caracterizado por la aparición de manchas rojizas en la piel (lesiones exantemáticasi) con picores (pruriginosis), especialmente en torax y extremidades). Estas lesiones se habían dado en la primera fase, pero continúan aún ahora. El cuadro de lesiones neuromusculares se concreta en la afectación de nervios periféricos, alteración de] tallo de las células nerviosas y pérdida de la sustancia que envuelve los nervios (desmielinización).

La mayoría de los enfermos han padecido y padecen calambres musculares que duran desde segundos hasta horas. Las manos sufren hormiguillo y una pérdida de fuerza e impotencia funcional dolorosa. Los dolores musculares en las piernas (mialgias) impiden el ejercicio y hacen que los niños se cansen enormemente cuando corren. También es frecuente la caída del pelo. Algunos niños que evolucionan peor ante la enfermedad sufren contracturas musculares que les impiden cerrar el puño, escribir o recortar papel. Por otra parte, los enfermos acusan picores en los ojos y garganta (síndrome seco) e incapacidad para tragar.

La atrofia de los músculos respiratorios hace que en algunos enfermos exista un cierto grado de invalidez que se intenta recuperar mediante ejercicios físicos (movilización del diafragma). La apariencia brillante, como acuosa, de la piel, es otra característica de la enfermedad. Hay en algunos casos una alteración de la estructura de la piel (sustitución del tejido normal por tejido fibroso) cuyo origen desconocen hoy los médicos. Los cuadros de hipertensión pulmonar se han visto en los niños mucho menos frecuentemente que entre los adultos (los afectados entre cero y catorce años presentan características menos graves que los de edades comprendidas entre quince y cuarenta años). El misterio para los médicos radica en cómo consigue el tóxico rebasar la primera barrera natural de desintoxicación, el hígado, sin afectarlo severamente, al menos en algunos casos. Tampoco son severas las lesiones del músculo cardiaco.

En la primera fase se intentó combatir lo que se creía una enfermedad vírica o bacteriológica con un antibiótico: la eritromicina. En algún centro se utilizaron grupos control, a los que se administraban placebos (cápsulas no rellenas de antibiótico), y se comprobó que no afectaba para nada el desarrollo de la enfermedad. La eosinofilia se combatió con corticoides, que, por otra parte, pueden tener una aplicación adecuada contra la hipertensión pulmonar que se produjo en los primeros momentos. La corticoterapia, sin embargo, es peligrosa a largo plazo y no se puede mantener a largo plazo toda vez que puede producir un síndrome derivado de la propia medicación (yatrogenia).

Respecto a las vitaminas E y C, no sirven en esta segunda fase. El superóxido-dismutasa, utilizado también, se dejó de usar cuando se descartó la teoría de oxidación por radicales libres. Respecto al polivinil-pirrolidona (PUP), se demostró que, si bien pudo ser útil en un momento de la enfermedad, no lo es ya ahora. Dos de las grandes incógnitas que se plantean a los médicos son derivadas del suero de los enfermos y de la pérdida de peso. El suero de algunos enfermos por el síndrome tóxico, puesto en contacto con células vivas, tiene en ocasiones capacidad para lesionar entre un 50% y un 10% de estas células de cultivo. La pérdida de peso, por otra parte, sigue siendo un misterio, ya que no se aprecia déficit de insulina, ni de hormona de crecimiento, ni de cortisol.

El factor psíquico de la enfermedad se caracteriza por situaciones de estrés que en algunos casos han coadyuvado en las enfermas jóvenes a la pérdida temporal de la regia. La angustia ante un futuro incierto se acrecienta en muchos casos por la información sensacionalista, especialmente aquella que hace referencia a pronóstico sobre el número de muertos qué se pueden llegar a producir y que, de una u otra forma, llega hasta los enfermos. Algunos médicos consultados estiman que la evolución negativa a la enfermedad no afectará a más de un 10% de los enfermos actuales.

Una bacteria a la que le gustan el agua y el calor

A la legionela, la bacteria que causa las legionelosis, le gustan el agua y el calor. En la naturaleza se encuentra -sin suponer un peligro- en ríos, lagos y charcas. A partir de los 25 grados puede reproducirse, pero encuentra las condiciones idóneas si la temperatura llega a los 37 grados. Los pulmones de los hombres son un buen caldo de cultivo de la bacteria: ofrecen humedad y una temperatura adecuada.

La legionela no se contagia por la comida ni la bebida. Tampoco por convivir o usar las mismas toallas, ni la transmiten los animales. Una minúscula gota de agua le sirve para completar su ciclo vital. Y para viajar. Por eso encuentra en los aerosoles que producen las torres de refrigeración, las cabezas de las duchas, los aspersores o los respiradores de los hospitales el sistema de transporte más adecuado.

Esta característica explica que en los últimos años los casos de legionela detectados en España hayan ido en aumento. El clima es adecuado, y cada vez hay más aparatos de refrigeración en grandes edificios. Estas máquinas utilizan agua para enfriar el ambiente, y disipan el calor en el exterior emitiendo vapor. También fue un sistema de aire acondicionado el que causó el primer brote. Los afectados fueron un grupo de componentes de la Legión Americana que celebraban una convención en un hotel de Filadelfia en 1976. Por eso la infección se llamó al principio 'enfermedad del legionario'.

Si la persona que respira el aire húmedo infectado por la legionela está sana, su sistema inmunológico se deshace de la bacteria. En personas mayores, enfermos con problemas respiratorios o con las defensas bajas (casos de infección por VIH o trasplantados) la legionela puede prosperar. Su periodo de incubación oscila entre los dos y los diez días. Pasado ese tiempo aparecen las molestias, problemas para respirar, fiebre, toses. Se combate eficazmente con un antibiótico muy frecuente, la eritromicina.

Según la jefa del Laboratorio de Microbiología del Instituto de la Salud Carlos III, Cecilia Martín, sólo ente el 1% y el 5% de quienes inhalan el vapor de agua desarrollan la neumonía. De ellos, una pequeñísima proporción fallece, casi siempre por complicaciones previas o asociadas. Curiosamente, los niños no suelen padecer legionelosis. Y la proporción de enfermos es muy superior entre los hombres que entre las mujeres.

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